Por Pablo Benito para DeSantaFe

Durante años y paulatinamente IAPOS fue cultivando el virus de la corrupción con múltiples cepas. 

El personal jerárquico de planta decidía el destino de millones de pesos. El triángulo: algunos médicos, laboratorios y auditores, se consolidó a partir de repartir beneficios a todos los empleados del organismo que, con mayor o menor responsabilidad, usufructuaron los privilegios en la obtención de medicamentos sin ningún tipo de control. Fueron seducidos por el irregular atajo del privilegio injusto e innecesario.

Vouchers. Sí, vouchers «voladores».

Los vouchers, para el personal de IAPOS, volaban como favor y gracia desde una oficina escondida con, apenas, un mostrador y una sucia caja con cinco sellos que rubricaban el despilfarro. Pasaba como avivada casi graciosa. Pero estas conductas organizadas, en muchos casos, configura el delito penal de estafa y malversación de fondos públicos a escala sideral, con distintos tipos de imputación.

Desde la oscura “oficina de sellos”, se dispensaron – al menos- 15.298 recetas de 2015 a la fecha. Todas por fuera del sistema de autorización que corresponde a cualquier aportante.

A quien trabaja en IAPOS, corresponde, aún hoy, el llamado “Beneficio de Excepción”. Por este agujero negro se desfinancia el IAPOS a pesar de las correcciones de los últimos años. Ocurre que unos pocos empleados, con creatividad delictual, tejieron una maraña burocrática de la cuáles 575.245 beneficiarios son rehenes y protegidos por un pacto de silencio e impunidad, perverso que funciona desde que se permitió, a la totalidad de los empleados, acceder al privilegio de adelantarse en la cola y autorizar medicamentos a “solo sello”.

Lifschitz decide intervenir en 2017

Paradojas de la vida – y de la muerte- mientras se realiza esta investigación se conoce el fallecimiento del exgobernador quien pudo ser uno de los vacunados VIP o “saltarse” la fila por izquierda.

Cuando el fallecido, Miguel Lifchitz, comienza el análisis de parte de ese déficit, generado por el descontrol y el acecho de los laboratorios corruptores de la estructura de control, las cifras de los planes de beneficios de excepción, para personal de IAPOS, disminuyen exponencialmente.

Cómo era de esperar, el conflicto estalló. Los números comenzaron a parecerse a la real necesidad de los asociados, pero el vicio del privilegio ocasiona daños colaterales que se hacen sentir en las autorizaciones expendidas por galenos, cuya complicidad y pertenencia a los grandes laboratorios, se sabe, conoce y también se muestra como cobertura de poder.

Se podría percibir, como falta grave, tanto de la actual gestión como las anteriores, el no haber ido hasta el hueso y el foco de corrupción. Las pruebas son flagrantes, fácilmente comprobables con el cruce de historias clínicas, protocolos de tratamiento farmacológico y la recurrencia de empleados participantes, médicos prescriptores y laboratorios proveedores, repetidos siempre en actos administrativos en que los ceros se acumulan.
Establecer la conexidad es el objeto de esta investigación periodística y que, lamentablemente, hemos corroborado. En varias entregas lo iremos publicando.

Desde el área de salud de la provincia y funcionarios de IAPOS se nos ha asegurado el inicio de sumarios y la decisión política de instar acciones penales de ser necesario.

Sería lo más coherente en medio de una emergencia sanitaria en la que los recursos no sobran para garantizar la salud pública.

Excepción de beneficios

Este cronista tuvo acceso a las interminables listas de medicamentos obtenidos por empleados de IAPOS -con nombre y apellido- mediante «Beneficios de excepción”.Gracias a la gracia concedida desde el mismo Ente Autárquico, los empleados del organismo obtienen el privilegio de descuentos y autorizaciones sin auditorias que premia la obediencia –y pertenencia – al sistema mencionado. Fueron sucediéndose los “programas” de privilegios.
Las argucias pasan como “planes” y son identificados por números como para darle alguna seriedad que, claramente, no tenía el sistema.

Esta verdadera filtración financiera, con fines aún mayores, de corromper –desde adentro- el sistema que se vio amenazada con la decisión de Lifschitz.

Pasó de expender 1722 envases de medicamentos, en 2018, a bajar más de un 300 % con 513 envases otorgados, bajo privilegio, a empleados. Hoy se les exige presentarse “por ventanilla”, como cualquier afiliado a IAPOS debe hacer, padecer y gestionar.

La discrecionalidad, otorgada a los auditores, llegó a groserías tales como auto-autorizarse psicofármacos por doquier, medicamentos oncológicos y vacunaciones que no correspondían. Tal es el caso de personal jerárquicos de IAPOS y auditores que, con 50 años, ingresaron al programa de vacunación gratuita contra la gripe en 2020 por una sencilla razón: “porque sí”.

¿Cuál es la receta?
Un grupo de galenos, no el Colegio de Médicos, ni la enorme cantidad de prestadores de salud de distintas ramas, tejió una red que prescribe millones de dólares como gestores de los grandes laboratorios y saltea, incluso, a la ya polémica figura del visitador médico que “promociona” tal o cual fármaco de una firma como si fuesen mayoristas de galletitas.

La medida, de Miguel Lifschitz, preanunciaba una resistencia por parte de los abastecidos por el negociado instalado en la Obra Social. La propia estructura administrativa es la que hoy boicotea y “limpia” las huellas de las irregularidades cometidas hasta ese momento.

Las miles de recetas habilitadas, por izquierda, para el personal que en algunos casos parecieran fenómenos de la ciencia, como fenómenos de múltiples patologías, en un solo cuerpo, comprometen a una sorprendente cantidad de empleados de IAPOS que consolida la “Omertá” o código de silencio interno que, además, genera dificultades para la celeridad en la salida de expedientes que ponen en riesgo la salud de miles de aportantes al Ente.

Médicos Guinness

Para la segunda parte de la publicación de la investigación, detallaremos el cruce de datos entre laboratorios, algunos médicos y pacientes para determinar la flagrante irregularidad sobre medicamentos indicados, desmesurado en prescripciones auditadas por Universidades y centros especializados.

A partir de estas auditorías médicas, ha quedado en evidencia la existencia de un verdadero negociado, espurio, que tiene a los pacientes como “cobayos” y al IAPOS como financista-

No se trata ya, siquiera, de experimentos. Directamente el único objeto es el lucro ilimitado de profesionales y laboratorios que se aprovechan de la vulnerabilidad de pacientes y familiares, con cuadros graves, que se aferran a cualquier esperanza que un médico de confianza les brinda como salida.

¿Qué piden para liberar el sistema?
Exigen volver al mecanismo por el cuál funcionaba la millonaria transferencia de recursos de la red, organizada, de ciertos médicos, empleados y laboratorios que no prescribían medicamentos para salud, sino cheques en blanco al mejor impostor.

Desde medicamentos de millones de pesos, psicofármacos por doquier y hasta cajas y cajas de multivitamínicos y suplementos nutritivos, transformaron al organismo, en abastecedor de un verdadero «mercado negro» farmacéutico que tenía a unos pocos empleados que alimentaron el tráfico de fármacos financiado por el aporte de los empleados públicos provinciales.

Parafraseando el refrán “cuando lo importante es la Salud… el dinero va y viene” y es lo que ocurre con IAPOS como “mercado”. La empatía social que genera la desesperación de la enfermedad – como carencia de salud- atrae el morbo de uno que otro periodista y convoca a las aves carroñeras para participar de una judicialización de lo médico, como forma de meter la cuchara -en este caso el CBU – allí en donde el sufrimiento ajeno habilita al aprovechamiento de quien está en situación de enorme vulnerabilidad.

 
 

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