Categorías: Relatos
 
 
Se me apaga la voz, pero grita mi alma.
Se apaga ante cada despedida que leo a diario en las redes, como recién a Naty y a Evi.
Se apaga ante cada historia post Covid que me cuentan en la clínica: la que perdió una rama entera de su familia, el que estuvo tres meses internado y no reconocí con 30 kilos abajo, la que llama llorando y no quiere hablar conmigo sino con la doctora, y cuando la doctora me cuenta su historia…grita mi alma y mejor no les cuento por qué.
Se apaga la voz porque las balas pican cerca y me cansé de gritar, me cansé y me quedé sin palabras.
Se apaga la voz porque las balas pican cerca y me cansé de gritar, me cansé y me quedé sin palabras.
Se apaga al darme cuenta que la pandemia no expuso la imbecilidad humana tal cuál creía, sino la soberbia incurable que padecemos.
Se apaga la voz y grita mi alma al asumir que puedo ser una cifra mañana, o en dos semanas, o antes del próximo verano.
Grita mi alma en forma de lágrimas al escuchar que los niños no mueren por ésto. ¿Acaso pueden asegurar que las secuelas respiratorias no existirán?.
Grita mi alma de extrañar, momentos, caminatas, peñas, asados, padel, karaokes, risas, llantos y se apaga la voz.
¿Para qué gritar si nadie escucha nada?… hasta que le pasa.
 
 

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